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La contraria

Idioma

Imno, al, spanol dl futuro

Está bien: me rindo. He luchado, pero, como un soldado francés bajo el cruel sol de Despeñaperros, con todods sus compañeros muertos, y acosado por los españoles, veo la batalla perdia. Y es que esta vez el enemigo es demasiado fuerte: la televisión. Y mis armas son sólo estos artículos, la mala leche, y el inalienable derecho a la pataleta. Lo que me ha hecho rendirme es un rótulo en el que se leía algo de la letra de un inmo. Así, a pelo. Sin hache ni hostias.

Pues voy a optar por lo que haría un infante gabacho espabilado en lugar: me rindo y me dedico a trabajar para el enemigo hasta que vengan tiempos mejores.

Vamos, pues, a empezar. ¿Por dónde? Por hacer tabla rasa, por olvidar todo lo que he aprendido sobre el idioma y la escritura. Voy, tal como propuso, supongo que de broma, García Márquez, a escribir como me salga de la punta del pijo. Y, encima, a elaborar una gramática con mis propias normas. Elio Antonio de Nebrija lo hizo y no le fue mal.

Empiezo: como pretendo hablar tal y como escribo, y hablo sin tildes, me cargo los acentos graficos, virgula de la ene incluida. Una vez elimadas las estupidas rayitas, voy a igualar be y uve, havida cuenta de que amvas suenan igual. Y ya que me cargado una letra que suena igual que otra, que carajo, elimino la ache. Por muda y por liosa. Ablando de letras que suenan igual ¿Para que quiero la i griega, si suena igual que la i latina? I en caso de que pueda confundirse con la elle, vamos a acer que sea doble ele. Sigo con las letras cullo sonido puede llevar a confusion. L ce, la Ka i la qu. Pues ke todas la oklusivas se escrivan komo ka i todas las sivilantes komo zeta. En kuanto a jes y jotas, es facil: la que suene gue, ge se keda. Eso si, sin la u ke es muda. I la ke raske la garganta, jota.

Komo pretendo ke mi ortografia sea praktika, avreviare algos grupos de letras. Sin llegar al extremo de los moviles, ke se trata de azer algo elegante. ¿Para ke vamos a escribir "de", "me", y similares si podemos aorrar tinta poniendo d, m, k...? I segimos avreviando, k algo keda: acemos d los indefinidos numeros, d modo k eskribimos tal k asi: "Oi ac 1 buen dia". Mola. Tronko.

Xo m knso d avreviar, d modo k m meto kon la puntuacion: k kda 1 ponga komas. puntos; puntos y koma o... lo k sea donde l salga del vigote. I los interrogantes, o, exklamaziones, solo d zierre, pa k +?

Vueno::: x 1 dia lla sta vien d kamvios. A ver,, k tal m ha kedado?! voi a skojer un texto al azar, skrito kon las normas fascistas e imperialistas del idioma del impero ispanico. ! Omvre: las Rimas i Lellendas d Veker. A ver...... 1s versos al azar;;;

En espanol normativo keda asi,

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.

I n l kstellano del futuro s eskrive:

Kuando, m lo kontaron, senti l frio

d 1 oja d azero n las entranas;.

m apolle n l, muro, i 1 instante

l konzienzia perdi d donde stava.

Dios...

Daddy English

Acabo de tener una bronca considerable con una compañera y aún estoy partiéndome de risa. No por la discusión, ojo. Bueno, sí, por la pelea, pero sólo por el final. A ver: me explico, que esto de reírse solo está muy feo y es la antesala del manicomio: cuando la buena mujer se cansó de argumentar –reconozco que un servidor desquiciaría al mismísimo Santo Job- me soltó, airada, un ignórame. Y la jorobó. Me demostró que ignora que el verbo ignorar no es sinónio de hacer caso omiso o ningunear, sino que sólo posee el significado de desconocer.

Y como un servidor hace gala de muy buena memoria y le iba a resultar complicado dejar de conocer a una persona que ya conoce, mi respuesta era evidente: no puedo.

Se lo tomó, como era de esperar, por donde no era. Creyó la interfecta que, tras el combate verbal, le soltaba irónicamente un piropo. Así pues, con desprecio en los ojos y rabia en el gesto –o al revés- me soltó un que te jodan. Habida cuenta de que mi vida sexual es, últimamente, como la de una piedra pómez, no pude evitar un Dios te oiga.

La dama se dio la vuelta con un cabreo de cuatro pares y se largó murmurando algo de gilipollas y de que me dieran por no sé dónde. Espero que no literalmente.

Ahora que le he dado unas cuantas vueltas, lo entiendo: la buena mujer se empeñaba usar malos calcos del inglés, mientras un servidor gusta del castellano derecho. Así, el verbo to ignore significa, en la muy noble, aunque pobre, lengua de Albión lo que ella había querido decirme a través de una mala traducción. En cuanto al fuck you, que ella tradujo por que te jodan, no tiene una traducción clara, más que nada porque, si quieres desearle mal a alguien, no tiene sentido que le digas que ojalá tenga una noche de sexo desenfrenado. Y eso de jódete, que quieren ustedes que les diga: ciertos menesteres son cosa de dos. O más: allá cada uno con su suerte y sus perversiones.

Tras escribir esta sarta de chorradas a modo de ejemplo, voy al meollo de la cuestión, a lo que quiero decir. Y es que nos empeñamos en ser una panda de acomplejados ante papá inglés, una caterva de meaplias irredimibles ante todo lo que brilla en el guiri. Somos como urracas, que nos apoderamos de todo lo que nos llama la atención, también en cuestiones lingüísticas. Me pregunto qué ocurriría si, en lugar de ser Estados Unidos fuera cualquier país árabe la referencia cultural. Es probable que, en lugar de decirle a nuestra pareja, acaramelados, I love you, le soltáramos un u-hei-buukii. Y nos quedásemos más anchos que altos.

¡Señores! (y ¡señoras!, seamos paritarios) el español, castellano, román paladino, hispano, ibero o como coño queramos llamarlo, posee una riqueza atesorada a lo largo de treinta siglos. A través del tiempo ha ido asimilando extranjerismos, pero siempre que éstos eran necesarios. No vengamos ahora de horteras y de listos a destrozar uno de los idiomas más ricos y con más hablantes del planeta tierra. Please.

No son tontos: sufren problemas de entendimiento

El Kaiser es uno de esos canarios que les dan fama a los canarios. Un tipo difícil de alterar, vamos. De esos que, cuando te lo cruzas en la cafetería, ves como se pide "doh donuh", se sienta con el primer grupo que ve -suele ser bien recibido- y se pone a charlar de lo divino, lo humano y lo televisable sin levantar la voz más que para hacer algún chiste de cuando en cuando.
El caso es que el Kaiser -¡noticia!- ha elevado la voz, si esto es posible por escrito. César, que así se llama, ha leído, como habitual del blog, el artículo que publiqué la semana pasada, en el que hablo de los rodeos estúpidos que damos para no decir negro o moro y parecer así más progres y tontos de baba políticamente correctos. Transcribo parte del comentario, que se puede leer íntegro pinchando en el enlace que se encuentra bajo lo que escribí la semana pasada:
Salud, hermano
Y yo iría un poco más allá con el tema de la doble interpretación de las palabras del castellano, tan hermoso y lleno de riqueza (...). ¿Por qué los amiguitos de Bush pueden decir que Dios bendiga América, se quedan tan anchos y además son buenos americanos patriotas y un españolito normal, comunista de nacimiento, que esté orgulloso de haber nacido en dominios ibéricos no puede decir Viva España, llenándose la boca, por miedo de ser tachado de facha? Ay amigo, esto de la Historia mal entendida nos deja una herencia bastante jodida de sobrellevar.
En fin, la pregunta roza lo retórico, pero no voy a tomarla como tal. Desde mi punto de vista, éste es un problema inherente al espíritu español. Se trata del miedo al qué dirán. Para ilustrarlo, un ejemplo muy claro: en la serranía de Salamanca y Cáceres se ven muchas casas humildes por fuera y de obscena riqueza por dentro. ¿Por qué? Pues porque en tiempos de la expulsión de los judíos nadie quería aparentar ser rico, ya que los hebreos solían serlo, y una riqueza demasiado ostentosa podía llevar a uno a la hoguera, por judío o por envidiado.
Ese mostrar claramente lo que uno no es se ha transmitido hasta nuestros días, cuando lo que te puede llevar al patíbulo del descrédito público es una ideología de derechas. Estoy seguro de que si lo socialmente aceptable fuera ser fascista, ni Dios llevaría una prenda roja por la calle. Somos así.
Pero volviendo al lenguaje mal utilizado, lo que hoy en día nos hace decir que un tipo calvo tiene problemas capilares, un sordo problemas auditivos o un afectado del síndrome de Down necesidades especiales es un falso respeto a las minorías. Falso porque el mal que sufren es el mismo, se llame como se llame, y el verdadero respeto pasa por una discriminación positiva, por la integración, aunque utilicemos las palabras que nuestros padres, nuestros abuelos y todos los que nos precedieron en esta maltrecha España usaban para describirlos sin malicia alguna.
Este lenguaje farisaico se ve potenciado desde los púlpitos políticos. Nuestros representantes (... Un momento, que me seque las lágrimas de la risa...) hacen lo que sea por un puñado de votos. Saben que un sordo, por sordo que sea, si tiene más de dieciocho años, puede votar. De este modo, modifican sus expresiones para parecer más dispuestos incluírlos en sus programas, para que seamos todos la leche de iguales, la leche de molones y la leche de bobos felices. Así ganan cuatro votos sin necesidad de financiar la investigación contra enfermedades o taras que, a poco presupuesto que se destinara a su investigación, tendrían cura.
El tema no se agota aquí, pero temo que lo que se agote sea la paciencia de mi lector, de modo que dejaré para mejor ocasión otros temas que me propone el Kaiser. Sólo un pequeño adelanto: ¿alguien ha reparado en que el nuestro es el único idioma que utiliza dos nombres para definirse?. Por ahí irán, en otras ocasiones, los tiros. Nunca mejor dicho eso de tiros...

algaré, alagaré, alagaré a mi Señor

Ojiplático me hallo. Patidifuso y blanco como una sábana recién lavada con Ariel de ese que lava más limpio y sin tomatina que se la resista, señora. Y ya no me cabreo porque he perdido la capacidad de hacerlo con según qué cosas.
Esta mañana, como casi todos los días, he bajado al bar a tomarme un cafecito y hojear la presa. Lo vi cuando estaba empezando con el torrefacto y a mitad del periódico. No voy a decir el nombre de la cabecera. Sólo que, en una página de la izquierda y a la “entrada” de la misma, me tropecé con este titular: ‘Fulanito recibe los alagos (sic) de menganito’. Sustituyan a Fulanito y a Menganito por futbolistas guiris.
Parpadeé, me froté los ojos y volví a leerlo. A ver si es que ponía “alabanzas” y había leído mal. Pues no: ahí estaban: ahí seguían esos “alagos”. Así, sin hache. Ni anestesia. El tema no tendría mayor importancia si fuera un caso aislado. Pero todos sabemos que no lo es: cada día nos tropezamos en los medios de comunicación con varios errores ortográficos, léxicos y gramaticales.
Lo que me preocupa no es que algunos periodistas sean analfabetos funcionales. Al fin y al cabo, que cada palo aguante su vela. Lo que me revuelve las entrañas es que parezca que a todos nos dé igual.
Alguno de mis lectores dirá que a qué viene todo esto, que no hay para tanto, que si nos ponemos puristas no se salva ni Lázaro Carreter y que si no me gusta la prensa me pase a las novelas de Pérez-Reverte y deje de sodomizar la marrana de una ramera vez. Pues bien: no pienso dejar de leer el periódico porque es un complemento ideal para las noticias radiofónicas; considero la información es un derecho irrenunciable; Lázaro Carreter escribe estupendamente; ya me he leído casi todo de Pérez-Reverte; no me gusta la morcilla; y mis tendencias sexuales no tienen nada que ver con la zoofilia.
Y sí, es muy grave: es gravísimo que se maltrate a un idioma en el que vivieron, amaron, odiaron, rieron, lloraron, pensaron y sintieron nuestros ancestros. Me siento insultado cuando, con el da igual o el así ya se entiende le dan de coces a una lengua que configura nuestro pensamiento y, por lo tanto, lo que somos.
Claro que, a lo mejor es de reaccionarios, de carcas, respetar unas normas lingüísticas. En un mundo donde la tecnología avanza más rápido que los valores humanos, la estética que la ética y la belleza que la inteligencia, hay que adaptarse o morir. Darse prisa y sacrificar lo inútil. Y, si para ello hay que pasar por encima de un legado cultural de más de treinta siglos, se pasa. Total, nuestros antepasados ya no van a protestar. Al fin y al cabo, Cervantes está muerto. Y Quevedo. Y Góngora. Y Lope. Y Cernuda. Y el Arcipreste de Hita. Y Manrique. Y San Juan de la Cruz. Y la puta madre que parió a todos los que, juntando palabras, crearon ideas. Y juntando ideas, crearon arte. Un arte que modela almas. Almas a las que escupen cada día periodistas ceporros, políticos imbéciles y subnormales profundos varios. Y gilipollas que se lo consentimos.