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La contraria

Prohibamos

Vale. Fumo. Como un carretero fumador. Como una chimenea donde arde leña verde. Como un indio cabreado. Me labro, consciente, constante y gilipollas. un cáncer de pulmón. Calada a calada. Cigarrillo a cigarrillo. Si no me mata el cácer, lo hará un enfisema, un infarto, o la mala hostia acumulada el día en que ésta salga a flote. Que fumo, consciente y por placer, vaya.

Ahora bien: he aquí que el ser humano es un animal contradictorio: fumo y me parece de perlas la Ley Antitabaco. Que sí, que sí. Sin ironías. Entiendo incluso lo gallos que andan los no fumadores. Me cae muy bien, por haberlos molestado sin darles ocasión de pedirme, educadamente, que no fume. Soy malo, muy malo. Es más: si de mí dependiera, habría relegado el tabaco al ámbito privado y, si acaso, a un porcentaje muy bajo de bares y cafeterías. Digamos el diez por ciento.

Como me he propuesto escribir este artículo sin recurrir a la ironía ni al insulto, no voy a decir lo que pienso del intervencionismo estatal. Sólo que me molesta bastante que tengan que venir unos señores que no tienen ni puta idea de que existo -salvo cuando toca pagar tasas e impuestos- a decirme que me cuide, que tengo que llegar a los ciento veintiún años. Y bien de salud, gracias, que tengo que producir hasta los noventa, que tal y como está la Seguridad Social, sin niños y con una burrada de moros que no cotizan, lo de las pensiones, chungo pelota, tron.

La ley de marras. Que me parece estupendo. Decía: si los fumadores no hemos sabido respetar a los que no lo son, ahora nos vemos obligados a ello legalmente. Ole. Pero que el Pesoe no nos venda motos pintadas de rojo -nótese el juego cromático de palabras-. Se empeña en decir que es lo mejor para los fumadores, que papá Estado te quiere y que el Tío Sam te necesita -este retruécano es más fino, pero yo me entiendo-.

Vamos a ver: desde mi punto de vista, nos están escamoteando el motivo real por el efecto secundario. El efecto es que en España estaremos todos un poco más sanos. El motivo real: ahorrar gastos de Sanidad.Y es que el tabaco no compensa: el gasto en oncología, cardiología y todas las "gías" que necesitan los fumadores, supera el ingreso de los impuestos que proporciona el cigarrillo.

Por lo demás, y si se trata de ahorrarse unos euros en Salud Pública, se me ocurren un par de medidas: prohibamos la venta de alcohol a imbéciles que luego, bajo sus efectos, se creen invulnerables tras un volante o legítimos dueños de un animal más o menos doméstico al que llaman esposa. Nos ahorraremos dinero en traumatología, Justicia y pompas fúnebres. Casi ná. Prohibamos la salida a la calle de niñatos y niñatas que, como se aburren, se dedican a la quema de mendigos o a la caza del negro. Pero, sobre todo, prohibamos la llegada al poder de inútiles incompetentes, trepas, vagos, lobos con piel de cordero, o cualquier otra de las iletradas subespecies que, en los últimos siglos, salvo muy contadas excepciones, han gobernado para medrar el reino republicano central federalista de un porcentaje de la Península, Cueta, Melilla y territorios insulares. Prohibamos.

2 comentarios

Alberto -

Vale, tienes razón: había olvidado la muy gubernamental costumbre de la cortina de humo. Pero lo de los gastos de Sanidad no es cosa mía. Es cosa de las matemáticas. Un abrazo, hermano.

Lord Brithuss -

A ver hermano:
Estamos deacuerdo en casi todo. No estoy contigo en eso de que es más cara la sanidad que los beneficios que devienen de la venta de la mencionada droga.
Siendo ingenuo, (que sabes que lo soy) podría decir que, en el trasfondo de la Ley, está la preocupación del Estado por los contribuiyentes (de forma excepcional, nótese) pero que siendo realistas y malévolo (que tambien puede ser uno) la Ley Antitabaco es un estupendo tema de conversación y controversia que aleja el foco de la atención pública de otros temas más candentes e incómodos para el inquilino de Moncloa. ¿Ingenuo o malévolo? He ahí la cuestión, que diría aquel