Blogia
La contraria

tic, tac...

Érase una vez un país que vivía de la industria relojera. Casi todos sus habitantes se dedicaban a fabricar estos artilugios. Ésta era la principal y casi única fuente de ingresos nacional. Los relojes de, llamémosle, Tictaclandia eran famosos por su calidad, belleza y precisión.
Ante las escasas ayudas que recibían por parte del gobierno tictaclandés, los fabricantes decidieron asociarse para presionar a sus mandatarios y así lograr que sus ingresos aumentaran. No era cosa de vivir sólo de su trabajo, ¿dónde se había visto tal cosa? De este modo, se creó la ART , Asociación de Relojeros de Tictaclandia, a la que se apuntaron todos los productores del país.
Pero, apenas pasado un año, en la primera junta nacional de la ART, surgieron las primeras diferencias: los relojeros zurdos reclamaban más dinero, ya que los aparatos para la fabricación de cronógrafos estaban pensados para diestros, lo que provocaba una producción menor. Evidentemente, los diestros dijeron que si quieres arroz, Catalina y que se buscaran la vida, que el tema estaba chungo para conseguir más guita.
En lugar de conformarse, los zurdos decidieron escindirse y, del primer congreso, salieron las facciones ARTD (Asociación de Relojeros de Tictaclandia Diestros) y ARTZ (Asociación de Relojeros de Tictaclandia Zurdos).
Las cosas empezaban a ir bien para todos: los diestros cobraban sus ayudas, incrementadas incluso, habida cuenta de que eran menos a repartir. Y los zurdos también ingresaban buenos dineros gracias a su hecho diferencial y a
que los fabricantes de materiales para relojeros, ante las presiones de los zocatos, empezaron a elaborar herramientas para ellos.
El problema surgió cuando, en la primera junta de la ARTZ, alguien sacó una estadística sobre la economía del país. Resulta que las exportaciones de relojes de cuco eran un treinta por ciento superiores a las ventas externas de los aparatos de pulsera. Llantos. Rechinar de dientes. Rasgaduras de vestidos. Y nueva escisión ante las reclamaciones pecuniarias de los fabricantes de cucos. Ahora estaban, por un lado, la ARTZC (Asociación de Relojeros Zurdos de Tictaclandia Zurdos Cuqueros) y la ARTZP (Asociación de Relojeros Zurdos de Tictaclandia pulsereros).
El gobierno nacional, cuyos responsables dejarían al santo Job por un histérico, decidió, al fin, incrementar las ayudas para unos y para otros.
Ahora sí que eran felices, siempre y cuando, eso sí, no se encontraran dos productores de diferentes asociaciones en la misma fábrica.
Apenas unos meses más tarde, la ARZTC se reunió para estudiar el modo de aumentar las ventas. Craso error. Estaban, por un lado, una docena de fabricantes que pensaban que la mejor manera de que se vendieran sus productos era exportar relojes cuyo cuco fuera verde. Por otra parte, el resto de los asociados, diez, esgrimían un estudio que afirmaba que el cincuenta y uno por cientos de los habitantes del país vecino, Petrodolaria, prefería que los pajaritos fueran amarillos. Bronca, escisión y nacimiento de la ARZTCV (Asociación de Relojeros Zurdos de Tictaclandia Cuqueros Verdes) y ARZTCA (Asociación de Relojeros Zurdos de Tictaclandia Cuqueros Amarillos).
Ahora sí. Ahora todo iba como la seda: las distintas asociaciones organizaban excursiones, partidos de fútbol sala –el número de socios no daba para jugar al fútbol grande y no pensaban invitar a ningún miembro de otra sociedad- y, en fin, todo tipo de divertimentos.A finales de año, el presidente y tesorero de la ARZTCA (no había demasiados productores capacitados entre los diez miembros) convocó una reunión. Los socios llegaron de varios puntos del país, pero cinco de ellos llegaron tarde ya que, según ellos, prefirieron acudir a la capital en transporte público, por aquello de la ecología y de no contaminar. La bronca fue monumental y el presidente decidió expulsarlos: bastantes preocupaciones tenía una sociedad tan elitista como la suya como para pensar en el medioambiente y en chorradas como aquella.
Los miembros de la recién nacida ARZTCAE (Asociación de Relojeros Zurdos de Tictaclandia Cuqueros Amarillos Ecologistas) abandonaron la reunión y decidieron que al cabo de una semana se irían de excursión para organizarse y pedirle lo suyo al gobierno. Pero hubo un problema. Un accidente de autobús dejó diferentes secuelas entre los relojeros. De modo que cada uno decidió pedir ayudas según su lesión diferenciadora. No hace mucho hable con el presidente, tesorero, vocal, coordinador y único miembro de la ARZTCAEM (Asociación de Relojeros Zurdos de Tictaclandia Cuqueros Amarillos Ecologistas Mancos). Le pregunté que qué tal la producción de relojes en su país.
- ¿Qué relojes? –me respondió.
Ya sé que se trata de un cuento estúpido y con una moraleja muy evidente, pero no olvidemos que, en nuestro país, las asociaciones de víctimas del terrorismo ya están divididas entre las de ETA y las del 11 de marzo…

0 comentarios