Querido sobrino
Querido sobrino:
Ya sé que a tus cuatro añitos no vas a ser capaz de leer esto. Pero tengo que escribírtelo. Tal vez cuando crezcas y seas capaz de entender esta filípica al planeta Tierra la entiendas como una carta de descargo de tus mayores. Que no mejores.
Y es que, amiguete, el mundo no es como lo ves por la tele. No voy a hablarte de los telediarios que inyectan veneno en píldoras desinformativas a pacientes ya inmunizados de espanto. Contarte cómo está el mercado de la información sería digno de un ensayo de varias páginas, y, qué quieres que te diga: no hay humor. Aunque lo que voy a decirte en esta carta, mitad para ti, mitad para mis contemporáneos, sí tiene que ver con lo que hoy se llama información.
A ver, te cuento: sabes que a tu tío no le gusta mucho la televisión (siempre fue un poco rarito tu tío); sin embargo, por razones que no vienen al caso, me tocó tragarme uno de esos programas de Corazón Rosa, o Salsa de Corazón, o Salsa de tomate o cómo quiera que se llamen. Decir que me revolvió el intestino es quedarse muy corto.
La cosa empezó con un torero que maltrataba a su ex y, haciendo honor a su oficio, le ponía los cuernos. Luego llegó una señora (hoy a cualquiera le llaman señora o caballero, sobre todo en las puertas de los lavabos) que trabajaba en nada en concreto. Y de la nada salían los ingresos que le permitían una vida de lujo. Decía la fulana que la prensa supongo que la llaman prensa por estar impresa- la acosaba. Como si no fuera ese acoso su medio de vida.
Cuando se cortó la diarrea mental de la fulana en cuestión, y tras diez minutos de anuncios, que por una vez me supieron a gloria y descanso cerebral, el presentador anunció a bombo y platillo un reportaje sobre una pareja de famosos tomando el sol en Mallorca: diez minutos viéndose, a través de una cámara que no me creo que estuviera oculta, cómo Mitita se bañaba y luego se quitaba la parte de arriba del bikini para mostrar unas bolsas de silicona que, por la falta de marcas blancas, poca costumbre tenían de estar embutidas en un sujetador cuando su portadora tomaba el sol. Otros cinco minutos de arrumacos de la susodicha con el maromo e turno: un tipo cara de iletrado, ademanes de simio ebrio y paquete de Rocco Sifredi. Y nada más. No hicieron nada que se saliera de lo normal entre las parejas que los rodeaban.Jódete y baila. Y para eso nos lo presentan como las imágenes en exclusiva de Fulanita y Menganito durante sus tórridas vacaciones en una playa paradisíaca.
Ya entre la risa y la náusea, vi cómo el conductor del espacio cardiovascular daba paso, luz y protagonismo a una tipeja de muy buen ver y muy mal hablar que afirmaba haberse pasado por la quilla al setenta y cinco por ciento de la plantilla de un equipo de Primera División. Y sin anestesia. Ante las preguntas estúpidas de los colaboradores del programa ¿cómo la tiene Manolinho?, ¿dónde conociste a Feckan?, ¿Cuántas veces te tiraste a ?, la mala leche y la arcada se hicieron evidentes.
Pero colmo ya fue cuando, ante el rebote de la lumi de lujo -¿de lujo?- por las preguntas comprometidas (¿a qué creía que iba? ¿O es que le iban a regalar los trescientos talegos sólo por llevar allí su cara bonita?), uno de los colaboradores dijo que ellos eran periodistas y que aquello era información de interés público.
Jíñate, lorito. Ya fue excesivo para mi maltratado hígado. Tras renunciar, no sin un enorme esfuerzo, a lanzarle cualquier objeto contundente a la pantalla, hice mía aquella frase del inconmensurable Groucho Marx: Encuentro la televisión tan educativa que, cada vez que alguien la enciende, me voy a otra habitación a leer un libro.
¿Qué para qué te cuento todo esto? Porque esto de las informaciones va de mal en peor y yo quiero desmarcarme, ya que antes o después voy a trabajar con ellas. Porque la tele es un reflejo de la sociedad más que ésta
reflejo de aquella y, por lo que veo, ésta es una sociedad de gilipollas, aborregados y mercachifles del vacío total, que diría Joaquín Sabina.
Y porque, a tus cuatro primaveras aún no estás tan contaminado de la estupidez, pichaflojura e imbecilidad reinantes en el ambiente, de modo que seguro que lo ves todo mucho más claro que yo.
Nada más.
Recibe un abrazo de:
Tu tío
P.D. No hace falta que me contestes, habida cuenta de que no sabes escribir.
P.P.D. En la próxima carta te hablaré de cómo pretenden agilipollarte con los dibujos animados, que también tiene tela.
Ya sé que a tus cuatro añitos no vas a ser capaz de leer esto. Pero tengo que escribírtelo. Tal vez cuando crezcas y seas capaz de entender esta filípica al planeta Tierra la entiendas como una carta de descargo de tus mayores. Que no mejores.
Y es que, amiguete, el mundo no es como lo ves por la tele. No voy a hablarte de los telediarios que inyectan veneno en píldoras desinformativas a pacientes ya inmunizados de espanto. Contarte cómo está el mercado de la información sería digno de un ensayo de varias páginas, y, qué quieres que te diga: no hay humor. Aunque lo que voy a decirte en esta carta, mitad para ti, mitad para mis contemporáneos, sí tiene que ver con lo que hoy se llama información.
A ver, te cuento: sabes que a tu tío no le gusta mucho la televisión (siempre fue un poco rarito tu tío); sin embargo, por razones que no vienen al caso, me tocó tragarme uno de esos programas de Corazón Rosa, o Salsa de Corazón, o Salsa de tomate o cómo quiera que se llamen. Decir que me revolvió el intestino es quedarse muy corto.
La cosa empezó con un torero que maltrataba a su ex y, haciendo honor a su oficio, le ponía los cuernos. Luego llegó una señora (hoy a cualquiera le llaman señora o caballero, sobre todo en las puertas de los lavabos) que trabajaba en nada en concreto. Y de la nada salían los ingresos que le permitían una vida de lujo. Decía la fulana que la prensa supongo que la llaman prensa por estar impresa- la acosaba. Como si no fuera ese acoso su medio de vida.
Cuando se cortó la diarrea mental de la fulana en cuestión, y tras diez minutos de anuncios, que por una vez me supieron a gloria y descanso cerebral, el presentador anunció a bombo y platillo un reportaje sobre una pareja de famosos tomando el sol en Mallorca: diez minutos viéndose, a través de una cámara que no me creo que estuviera oculta, cómo Mitita se bañaba y luego se quitaba la parte de arriba del bikini para mostrar unas bolsas de silicona que, por la falta de marcas blancas, poca costumbre tenían de estar embutidas en un sujetador cuando su portadora tomaba el sol. Otros cinco minutos de arrumacos de la susodicha con el maromo e turno: un tipo cara de iletrado, ademanes de simio ebrio y paquete de Rocco Sifredi. Y nada más. No hicieron nada que se saliera de lo normal entre las parejas que los rodeaban.Jódete y baila. Y para eso nos lo presentan como las imágenes en exclusiva de Fulanita y Menganito durante sus tórridas vacaciones en una playa paradisíaca.
Ya entre la risa y la náusea, vi cómo el conductor del espacio cardiovascular daba paso, luz y protagonismo a una tipeja de muy buen ver y muy mal hablar que afirmaba haberse pasado por la quilla al setenta y cinco por ciento de la plantilla de un equipo de Primera División. Y sin anestesia. Ante las preguntas estúpidas de los colaboradores del programa ¿cómo la tiene Manolinho?, ¿dónde conociste a Feckan?, ¿Cuántas veces te tiraste a ?, la mala leche y la arcada se hicieron evidentes.
Pero colmo ya fue cuando, ante el rebote de la lumi de lujo -¿de lujo?- por las preguntas comprometidas (¿a qué creía que iba? ¿O es que le iban a regalar los trescientos talegos sólo por llevar allí su cara bonita?), uno de los colaboradores dijo que ellos eran periodistas y que aquello era información de interés público.
Jíñate, lorito. Ya fue excesivo para mi maltratado hígado. Tras renunciar, no sin un enorme esfuerzo, a lanzarle cualquier objeto contundente a la pantalla, hice mía aquella frase del inconmensurable Groucho Marx: Encuentro la televisión tan educativa que, cada vez que alguien la enciende, me voy a otra habitación a leer un libro.
¿Qué para qué te cuento todo esto? Porque esto de las informaciones va de mal en peor y yo quiero desmarcarme, ya que antes o después voy a trabajar con ellas. Porque la tele es un reflejo de la sociedad más que ésta
reflejo de aquella y, por lo que veo, ésta es una sociedad de gilipollas, aborregados y mercachifles del vacío total, que diría Joaquín Sabina.
Y porque, a tus cuatro primaveras aún no estás tan contaminado de la estupidez, pichaflojura e imbecilidad reinantes en el ambiente, de modo que seguro que lo ves todo mucho más claro que yo.
Nada más.
Recibe un abrazo de:
Tu tío
P.D. No hace falta que me contestes, habida cuenta de que no sabes escribir.
P.P.D. En la próxima carta te hablaré de cómo pretenden agilipollarte con los dibujos animados, que también tiene tela.
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Lord Brithuss -