Impuestos muy sanos
Acabo de leer en el periódico que el gobierno propone subir la electricidad, el tabaco, el alcohol y el combustible. Y me parece de perlas. No, no me he vuelto loco ni masoquista. Lo que pasa es que el rotativo explica inmediatamente que el encarecimiento va a revertir en una mejora de la sanidad, habida cuenta de que tales productos son los que provocan mayores gastos en la misma.
Ahora se entiende mi aquiescencia y casi alegría: estábamos pagando esos cuatro artículos -todos ellos prescindibles- a un precio irrisorio si lo comparamos con el insuperable servicio sanitario español. Me parece injusto. Y hasta aplaudo que, cuando usted encienda una bombilla,esté soltando unos céntimos para curar el cáncer de pulmón que un servidor se labra cigarrillo a cigarrillo.
Lo que no entiendo es por qué no se les ha ocurrido antes que mi padre pague más caro el gasoil para que ese cafre que va doscientos por hora y se lleva por delante a una familia que venía a noventa por su carril pueda curarse la pierna rota, única consecuencia del accidente.
Y ya puestos a mezclar churras con merinas, voy a proponer otra serie de artículos cuyo precio podría subir para evitar las pérdidas de nuestra bien engrasada maquinaria curativa:
Empecemos por el papel: al fin y al cabo, los periódicos provocan cada día más jaquecas, úlceras y accidentes cardiovasculares. Además, la letra siempre ha ayudado a pensar. Y eso sí que es peligroso para la salud. Al menos, para la de algunos.
Otra buena idea para el verano que viene es la de vallar las playas, roquedales o cualquier otro lugar donde pudiera tomarse el sol. Si cobramos entrada, tendremos para curar unos cuantos cánceres de piel.
Y como esto de subir los precios es muy divertido, le cobramos unos euros al que respire por más de una fosa nasal, que, tal como está el aire, lo menos que se agarra es una legionela. Duro también con el que va caminando por la ciudad, que las aceras están como están y luego hay que gastarse los cuartos en curarle los esguinces. Y también cobramos...
Creo que voy a dejar de dar ideas, que vista la clase política que tenemos, igual me copian alguna. Lo que quiero decir es que no me parece mala idea que se graven ciertos artículos para un mejor funcionamiento del servicio sanitario. Pero no todos los bienes deben subirse así, por las buenas.
Al fin y al cabo, lo que yo bebo o fumo destroza mi salud, con que no está mal que se cree una hucha en la que entren unos céntimos con cada paquete de rubio o cada vodka. Para cuando tenga que pagar la factura. Es más: es justo que mi aportación a la seguridad social sea mayor que la de quien se cuida y tiene, por lo tanto, menos probabilidades de hacer uso de ella.
Lo que no me parece tan justo es que se eleven lo precios de bienes y servicios necesarios, como la electricidad o los combustibles -vale que existe el transporte público, pero éste también se encarece a medida que lo hacen las gasolinas-. Y lo que me parece verdaderamente mal es que haya usuarios de primera y de segunda, o necesidades de primera y de segunda. Ejemplo: Mientras que Manolo se convierte en Jessica por necesidades psicológicas y por la cara (me parece de lujo, cuidado), mi menda ha de soltar un pastón o seguir llevando gafas de por vida. A lo mejor, por eso escribo esto: porque soy un rácano. Y un resentido.
Ahora se entiende mi aquiescencia y casi alegría: estábamos pagando esos cuatro artículos -todos ellos prescindibles- a un precio irrisorio si lo comparamos con el insuperable servicio sanitario español. Me parece injusto. Y hasta aplaudo que, cuando usted encienda una bombilla,esté soltando unos céntimos para curar el cáncer de pulmón que un servidor se labra cigarrillo a cigarrillo.
Lo que no entiendo es por qué no se les ha ocurrido antes que mi padre pague más caro el gasoil para que ese cafre que va doscientos por hora y se lleva por delante a una familia que venía a noventa por su carril pueda curarse la pierna rota, única consecuencia del accidente.
Y ya puestos a mezclar churras con merinas, voy a proponer otra serie de artículos cuyo precio podría subir para evitar las pérdidas de nuestra bien engrasada maquinaria curativa:
Empecemos por el papel: al fin y al cabo, los periódicos provocan cada día más jaquecas, úlceras y accidentes cardiovasculares. Además, la letra siempre ha ayudado a pensar. Y eso sí que es peligroso para la salud. Al menos, para la de algunos.
Otra buena idea para el verano que viene es la de vallar las playas, roquedales o cualquier otro lugar donde pudiera tomarse el sol. Si cobramos entrada, tendremos para curar unos cuantos cánceres de piel.
Y como esto de subir los precios es muy divertido, le cobramos unos euros al que respire por más de una fosa nasal, que, tal como está el aire, lo menos que se agarra es una legionela. Duro también con el que va caminando por la ciudad, que las aceras están como están y luego hay que gastarse los cuartos en curarle los esguinces. Y también cobramos...
Creo que voy a dejar de dar ideas, que vista la clase política que tenemos, igual me copian alguna. Lo que quiero decir es que no me parece mala idea que se graven ciertos artículos para un mejor funcionamiento del servicio sanitario. Pero no todos los bienes deben subirse así, por las buenas.
Al fin y al cabo, lo que yo bebo o fumo destroza mi salud, con que no está mal que se cree una hucha en la que entren unos céntimos con cada paquete de rubio o cada vodka. Para cuando tenga que pagar la factura. Es más: es justo que mi aportación a la seguridad social sea mayor que la de quien se cuida y tiene, por lo tanto, menos probabilidades de hacer uso de ella.
Lo que no me parece tan justo es que se eleven lo precios de bienes y servicios necesarios, como la electricidad o los combustibles -vale que existe el transporte público, pero éste también se encarece a medida que lo hacen las gasolinas-. Y lo que me parece verdaderamente mal es que haya usuarios de primera y de segunda, o necesidades de primera y de segunda. Ejemplo: Mientras que Manolo se convierte en Jessica por necesidades psicológicas y por la cara (me parece de lujo, cuidado), mi menda ha de soltar un pastón o seguir llevando gafas de por vida. A lo mejor, por eso escribo esto: porque soy un rácano. Y un resentido.
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