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La contraria

El sexo de los ángeles (cristianos)

Ya es oficial. Lo han conseguido. Por fin la bilis me gotea por las orejas. Vamos a ver, monseñor: ¿de verdad le importa lo que un servidor, católico y apostólico, aunque cada vez menos romano, haga con su pareja, cuando la tiene, en los ratos de intimidad? ¿Cree que puede usted frenar, sólo con la amenaza de un infierno del que incluso su jefe inmediato, el señor Ratzinger (o como coño se escriba, que aún no sé alemán), ha negado la existencia. Cree que puede, digo, frenar los naturales impulsos de un tipo de 29 años, sano y heterosexual?
Pero no voy a mentarle al jefe terrenal, que no me vale, ya que no será ante él ante quien tenga que dar cuentas cuando doble la servilleta y me inviten -o no, por hereje- a papear al Gran Banquete. Vamos a hablar de ese mensaje que ustedes dicen extender: ese que nos dejó un tipo, cuando menos, carismático. Un tal Jesucristo. Pues bien: le diré a su eminencia, o como diablos exija la etiqueta que le llame, que soy radicalmente apolítico, que no sigo ideario más allá del mío. Del mío y del de su jefe. El de verdad. Ese que dicen que resucitó. Aunque vuecencia no se muestre a veces muy convencido del hecho.
Y sigo el mensaje de Cristo porque es el mensaje más bonito que jamás haya emitido ser humano alguno. AMOR. Así, con mayúsculas, sin cinismos ni paliativos. Sin anestesia, vamos. Y ese amor empieza por el prójimo, palabra cuya traducción bastarda se acerca a "próximo", a pesar de que pueda extenderse a todo el mundo. A ver: El día que tenga hijos -supongo que éstos sí son prójimos-, lo menos que me exige mi ideario, mi naturaleza y todos mis instintos (algunos de los cuales su Iglesia se empeña en acallar), es amarlos. Con todo. Y ese todo incluye corazón, cuerpo y cartera. ¡Tate! He aquí el quid de la cuestión. A donde yo quería llegar con todo este rollo. Hoy por hoy, mis ingresos son nulos, de modo que me parece difícil darle a un hijo todo lo que se merece, por tanto, sintiéndolo mucho, voy a seguir usando condón.
Ya sé que su organización, que cada día tiene menos de Iglesia y más de empresa, ofrece una solución mucho más efectiva para evitar embarazos. Y más barata, aunque tampoco cuesta tanto una caja de preservativos. Pero cuando estuve en un seminario (salesiano, por más datos), me enseñaron que eso del sexo es la máxima expresión de afecto que puedes dispensarle a tu pareja. ¡Hete aquí que te he, que te acaban de cazar, fray! Osea, que tengo que practicar con mi pareja para decirle que la amo de manera suprema, pero el fruto de esta práctica me lo como con patatas, como un Saturno cualquiera. Al menos hasta que tenga pasta para alimentar a media docena de churumbeles a los que no podré dar tanto afecto como merece cualquier ser humano, porque me tocará dejarme los testículos para alimentarlos. No lo entiendo.
Pero no seré yo quien se queje. Al menos no más de lo que ya he hecho. Al fin y al cabo soy un privilegiado: soy heterosexual y me salvaré del infierno pagando el magro precio de producirle a la Santa Madre Iglesia (palabra que he escrito lo de Santa Madre sin descojonarme demasiado) seis o siete fieles corderitos. El problema es si eres homosexual. Entonces, colega, te vas al infierno directo. Con o sin condón, vaya. Pues, francamente, problemas de adopción aparte, Manolo puede... cohabitar con Ramón, que a mí no me hacen daño alguno. Lo único que les pediría es lo mismo que si Manolo... yaciera con María: que se expresen amor a través del placer. Y ni eso siquiera: que cada una haga con sus partes lo que le salga de las mismas.
Eso de la natalidad obligatoria estaba muy bien para su negocio cuando los niños venían con un pan debajo del brazo; cuando, a mayor número de fieles, más ingresos a través de diezmos, cepillos, limosnas, ofrendas y sacacuartos varios. Pero ahora ya no cuela. No sé si se dan cuenta, pero están perdiendo la clientela por motivos varios que ahora me da un poco de pereza analizar. Ahora, su empresa se dedica a las altas finanzas: la Banca Vaticana tiene inversiones por medio planeta (no siempre muy piadosas, por lo que sé) y en España, la "reserva espiritual de Occidente" -me estoy volviendo un tipo serio: he vuelto a contener la risa con lo de "reserva espiritual"-, bueno, en España invierten en valores a través de Gescartera (vale, ahora sí que me he partido de risa). El caso: que hoy en día no se necesitan tantos fieles para mantener, por ejemplo, una de las estructuras más jerarquizadas, machistas y burocráticas que existen. Entonces, ¿por qué ese empeño en la preservación de una especie cuya principal amenaza es la falta de recursos en este ya maltrecho planeta?, ¿por qué hemos de traer niños a un mundo que se va al carajo?, ¿por qué esa preocupación de su eminencia por lo que yo haga con el meridiano cero de mi anatomía?, ¿por qué no se mete su eminencia sus palabras por donde le quepan y nos deja a todos vivir en paz?

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